| Por
Arq. Eleodoro Ventocilla Cuadros
Presidente DKVGROUP
Dime cómo crees que la gente aprende
y te diré cómo enseñas.
¿Recuerda usted a sus maestros? Me refiero a aquellos que
tuvieron un impacto decisivo en su formación, al punto en
que usted puede decir que si está vivo, sano, activo y ganándose
la vida es, en gran medida, gracias a lo que aprendió de
ellos. ¿Los recuerda? Sí, ¿verdad? Y quizás
también pueda distinguirlos de los otros muchos que trataron
de enseñarle algo que, sin embargo, usted no recuerda.
Debe también recordar cómo aprendió a reconocer
las creencias y hábitos que distinguen la cultura de su país,
de su comunidad o de la empresa en que trabaja. Cómo fue
aprendiendo los valores, las rutinas, los procesos y procedimientos
gracias a los cuales hoy puede tener un desempeño creador
de riqueza, e insertarse productivamente en el mercado. Sin embargo,
en este caso, es probable que mucho de ello sea inconsciente y no
siempre recuerde a los maestros que incorporaron ese conocimiento
a las comunidades y organizaciones en las que vive.
Es probable adicionalmente que, usted como yo, haya ido adquiriendo
una creciente conciencia de la necesidad de contar con maestros
que nos ayuden a desarrollar y actualizar constantemente tanto nuestras
competencias individuales como las capacidades de nuestras organizaciones,
si queremos sobrevivir en el difícil mundo en el que vivimos.
Porque si en algo parece haber consenso, es que existen conexiones
lógicas entre la creciente complejidad del entorno y el imperativo
de aprender aceleradamente para asegurar la continua creación
de valor en esos cambiantes contextos.
En el medio corporativo los responsables de la Gestión Humana
suelen estar conscientes de estas conexiones, y estructuran de manera
rutinaria experiencias de aprendizaje dirigidas a implantar los
modelos de competencias que consideran pertinentes para el desarrollo
competitivo de sus empresas. Sin embargo, usualmente al elegir los
medios para desplegar esas experiencias, los encargados de la tarea
formativa acuden a algunos supuestos sobre la naturaleza de los
vínculos entre el talento de las personas, la productividad
de las empresas y las complejidades del mercado, que terminan cualificando
la naturaleza de los resultados que se obtienen de los procesos
de enseñanza y, sobre todo, la rentabilidad social y económica
y la perdurabilidad del impacto positivo en la empresa. En particular,
cuando aquellos que han sido sujetos de los procesos de educativos
cambian de roles o abandonan la organización.
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