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Hay muchas formas de estar
dentro de una comunidad virtual, muchas casi invisibles. Por ejemplo
si estamos inscriptos en listas de distribución de cualquier
tema, o si nos metemos en los chats de América on line, o
si caemos en una charla en algún canal de Internet, o si
leemos ávidos las discusiones de enredando.com
o los informes que periódicamente nos manda Infonomia.com.
En todos y en cada caso estaremos intersectando con un grupo de
colegas, pares, informantes, proveedores de información,
interlocutores y colaboradores de este nuevo mundo que es la interconexión
on line.
Quizás uno de los
rasgos distintivos de estos encuentros sea que sin perder nunca
el costado lúdico, o simplemente de distensión, cada
vez más se convierten en fuentes de información con
implicancias laborales o profesionales.
Si queremos saber cómo liquidar a un maldito virus, qué
buscador puede encontrar información esotérica, cómo
detectar qué extensión está interfiriendo en
el manejo de nuestra máquina, o cómo hacer para difundir
nuestras ideas hasta foros o congresos cuyas localizaciones no conocemos,
el poder de la comunidad virtual profesional no deja de hacerse
sentir.
Aunque podemos hablar de comunidades virtuales de lectores desde
la época de Homero, las comunidades virtuales con acento
profesional son un invento de la revolución industrial y
están ligadas al uso de máquinas de comunicar como
el correo y el teléfono.
El carácter distintivo de estas comunidades es que son capaces
de abolir las distancias o prescindir de su carácter nulificador
sobrepasado por la fuerza de los intereses compartidos, y de las
ganas de comunicarnos y de hacer cosas con los otros electivamente
afines.
Hay una correlación positiva entre la aparición de
cada nuevo formato o lenguaje en la comunicación masiva y
los amigos virtuales que los mismos generan potenciados por escalas
cada vez mayores de alcance.
Gracias a la imprenta podíamos discutir (es un decir) de
a centenares lo que unos pocos publicaban y hacían llegar
a nuestros ojos. Pero sólo gracias a la existencia de Usenet
a principios de la década de 1970 -revivida recientemente
por Google-, todos nos convertimos en autores que podíamos
hacer llegar nuestra voz a centenares de miles de lectores sin la
censura o la manipulación de la información a manos
de editores y filtros.
En los últimos años una de las comunidades educativas
más activas ha sido TRDEV-L una lista de discusión
(list serv) desarrollada por David Passmore en Pensylvannia State
University en 1989. La lista llegó a tener mas de 6.000 suscriptores
y la tasa de posteo llegó a alrededor de 50 mensajes diarios
barriendo un espectro inmenso de temas que van desde el fen shui
hasta obviamente la educación a distancia.
Insisto, a diferencia de las discusiones latinas que se van por
las ramas, estas lista son mucho más prácticas y operacionales.
Porque mientras nosotros nos solazamos discutiendo en abstracto
si las computadoras generan más o menos infopobres, los yanquis
se preocupan por el color de la sala en donde deben dar clase.
Si citamos esta lista no es por casualidad sino para mostrar que
como todos sistemas vivientes, una lista es una comunidad en el
sentido más literal de la palabra. Si la alimentamos y cuidamos
con esmero y dedicación fructificará. Pero mantener
contentos a 6.000 habitantes virtuales no es algo fácil de
lograr. Y el mundo virtual igual que en el real la manzana podrida
puede contagiar al resto.
Técnicamente una lista es distinta de un servidor porque
el administrador tiene la potestad de rechazar el ingreso (tanto
la capacidad de leer como de escribir) a quien el así lo
decida (y miles de listas terminaron siendo alegatos infantiles
a favor o en contra de la censura perdiendo de vista el contenido
original).
Passmore le había dado permiso a la compañía
privada HROnline para que pusiera en sus sitio web los archivos
de todas las discusiones de TRDEV-L.
Para su molesta sorpresa descubrió al poco tiempo que alguien
estaba usando esos archivos para tomar direcciones de los miembros
de la comunidad on-line y atosigarlos de mensajes comerciales.
Después de que Pasmore denunciara acerbamente a HROnline
en su listserver, la compañía le exigió que
se retractara o que iniciaría acciones legales contra él.
A continuación Passmore cerró el servidor de TRDEV-L
convirtiéndolo en un tablón de anuncios en el cual
sólo él podría seguir posteando. Inmediatamente
después la gran mayoría de los socios activos de la
lista se dieron de baja a sí mismos, porque una comunidad
es impensable en donde sólo del dueño e la pelota
juega con ella.
Por suerte -para darle un tinte feliz a este episodio- dos activistas
de la TRDEV-L mudaron el foro a egroups.com un sitio ahora en manos
de Yahoo! que permite que centenares de listas de discusión
se alojen en su seno y ya cuentan con más de 2800 miembros.
Alejandro
Piscitelli
(Director de Contenidos de Competir)

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