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La debacle que está
centrifugando a la Argentina hace imposible cualquier diagnóstico
y menos aún pronóstico. Cuando un PBI se licua en
un 72% -como resultado de una consiguiente devaluación salvaje-
(y no como absurdamente se dice por ahí a una tasa del 370%),
cuando un Poder Judicial de credibilidad 0 pretende desandar el
camino de la pesificacion tomado por un Poder Ejecutivo de credibilidad
igualmente nula, es difícil analizar hasta el fenómeno
más banal o más visible.
Por ello antes pensar
en los peligros y los riesgos que implica la brecha digital y en
vez recitar supuestas panaceas que la reducirían, conviene
preguntarse si existe la brecha digital -al menos en la versión
mas simplista que circula por ahí. Aunque parece tomado de
los pelos, existe una manera ingenua de tomar la brecha digital
que nos llama a no cometer los mismos errores.
La profundización de la desigualdad salarial a principios
de la década del 80, por ejemplo, no se debió sólo
al impacto de las computadoras, sino también, a la grave
recesión de 1981-82. Para sobrevivir, hubo que mantener bajos
los salarios de los trabajadores menos valiosos. Como en todo escenario
que se precie, en estos tiempos de complejidad, es prácticamente
imposible aislar las causales de una situación.
De lo que no hay ninguna duda es que el slogan de la "brecha
digital" unió brillantemente la preocupación
por los pobres con la fe en la tecnología. También
abrió un camino: pongan computadoras en las escuelas, conecten
las aulas a Internet. Y aunque este deseo es casi una utopía
en América Latina, el mismo se ha llevado a cabo en su mayor
parte en el país del Norte. Para 2000, las escuelas públicas
norteamericanas tenían aproximadamente una computadora cada
cuatro estudiantes.
Cerrar la “brecha digital” no es la solución
mágica a todos los problemas, incluyendo el de la pobreza.
Mientras sigamos persiguiendo este objetivo como si fuera el fin,
y no uno de los caminos, estaremos malgastando energías,
y, peor aún, los escasos recursos de los países en
desarrollo.
Desandar estos errores es clave cuando de ponderar en serio que
puede significar la brecha digital y cuales son los caminos para
su eventual solución se trata. Si es que el problema esta
bien plantado. Si es que dejamos de ser ingenuos y nos tomamos en
serio la complejidad.
Alejandro
Piscitelli
(Director de Contenidos de Competir)

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