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Michael Porter no sólo
es conocido por sus innegables aportes a la teoría de la
competitividad, sino también por su lapidaria estocada en
contra de Internet. En efecto en un célebre articulo publicado
en marzo de 2001 en la Harvard Business Review, Porter arremetió
salvajemente en contra de este dispositivo socio-técnico,
insistiendo en que Internet era un caballo de Troya que terminaría
destruyendo todos los mercados, desatando guerras de precios y erosionando
las ventajas comparativas de las mejores empresas.
No todo el mundo creyó
a pies juntillas en los dichos del gurú. Al contrario, varios
destacados defensores del mundo digital, con Dan Tapscott a la cabeza
insistieron -contra Porter-, que una de las grandes ventajas de
Internet era haber mejorado la transparencia de los mercados, desintermediando
la relación entre oferta y demanda, haciendo posible prácticas
económica inexistentes en el mundo real, como los mercados
invertidos, o las subastas en tiempo real.
Aún cuando las observaciones de Porter son importantes, no
podemos pasar por alto que todavía en estos tiempos de tristeza
de la tecnología, la capacidad de Internet de remover obstáculos
buscando acomodar del mejor modo posible a la oferta con su demanda
en un mercado, abre posibilidades inéditas en la valoración
de las competencias de los recursos humanos, en la mejora de la
oferta de trabajo y, sobre todo, en el encaje de una demanda ociosa
de calidad, con una oferta actualmente retraída pero no menos
exigente (ver entrevista
al CEO de Bumeran en este número).
La presencia de Internet en el mercado de trabajo tiene varias caras
entre las cuales cabe considerar: a) la facilitación en la
presentación de currículums; b) la posibilidad de
alcanzar mercados y búsquedas muy lejanas del lugar de trabajo
de residencia habitual; c) el aumento de velocidad y de precisión
en el encaje entre oferta y demanda de trabajo.
La creciente oferta de sitios web donde se ofrecen y buscan empleos
(en la región los sitios que más se destacan son Bumeran,
Laborum, Trabajando,
The LatPro.Com, Go
Jobsite); está cambiando no sólo la forma en que
las persona rastrean vacantes, sino también el formato típico
en que se entrega la información requerida.
Los sitios de trabajo funcionan como verdaderas bolsas de empleo
donde se publican los puestos disponibles o se envían curriculums
completamente gratis. Además de la instantaneidad, la mayoría
de los sitios aseguran que sus datos serán confidenciales.
Los potenciales empleadores, a su vez, tienen acceso a las bases
de datos del sitio y son ellos quienes deben pagar por esta información.
Internet ha cambiado en forma dramática no sólo la
velocidad de circulación de la información, sino también
su propia estructura. Ello se percibe en la nueva forma de diseñar
currículums dado que quienes seleccionan a los profesionales,
ya no se detienen a leer extensos documentos o detalles inútiles.
Basta con dar una ojeada al documento para saber si el candidato
responde al perfil deseado.
La mayoría de los sitios señalados ofrecen diversos
servicios que incluyen la publicación de Ofertas de Trabajo;
el reclutamiento en Línea y un archivo de currículums.
Los sitios más sofisticados ofrecen, a su vez, la posibilidad
de reubicación laboral y también la incorporación
en el propio sitio de un canal de empleos que permita a las organizaciones
reclutar personal desde su propio sitio web.
En los últimos tiempos hemos visto incluso la aparición
de nuevos mercados donde habilidades que no son fáciles de
articular formalmente (desde el baby sitting hasta la enseñanza
de idiomas exóticos, desde hobbies hasta profesiones muy
atípicas) lograron finalmente hacerse un espacio de articulación
gracias a la existencia de la Red.
Pero no todas son rosas en este terreno. Porque aunque sigue creciendo,
Internet no lo hace a la velocidad de antaño. Además
las habilidades necesarias para poder poner nuestras propias habilidades
en la Red son relativamente altas, por lo cual se podría
suponer que la Red discrimina en contra de las competencias más
genéricas y de menor valor tecnológico.
A su vez en países como los latinoamericanos, donde la crisis
es endémica y la burbuja de las altas expectativas explotó
hace rato, habrá que revisar detalladamente cuál es
la mejor forma de articular la oferta con la demanda del trabajo
tanto en el mundo on-line como off-line.
Igualmente no se puede ignorar que el mercado de trabajo es uno
de los más sensibles a los vaivenes cíclicos de la
economía y de la impericia política, y que un financiamiento
adecuado de estos sitios reconciliadores de oferta y demanda sólo
redundará en resultados significativos, cuando también
intervengan reguladores y políticas estatales en la simplificación
del mercado y, sobre todo, en la reactivación de la economía.
Alejandro
Piscitelli
(Director de Contenidos de Competir)

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