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Hace más de un dos
siglos que contamos con máquinas que automatizan los procesos
productivos. La revolución industrial estuvo precisamente
asociada a la sustitución de la energía física
por la mecánica.
Con el advenimiento de
la computadora, asistimos a una amplificación semejante,
pero de un tenor mucho más significativo. Porque como McLuhan
y otros teóricos insistieron repetidas veces, de lo que se
trataba esta vez era no tanto de aumentar la potencia física
sino la intelectual. Lo que este brillante autor, así como
gran parte de los investigadores en ese momento -en la incipiente
área de la inteligencia artificial- auguraban, era la amplificación
de la inteligencia humana.
Han pasado varias décadas desde este anuncio, y en el entretiempo
hemos visto muchos éxitos, pero también no menos sonoros
fracasos. El poder de procesamiento de las máquinas es cada
vez más fantástico, y sin embargo nuestro descontento
respecto de su perfomance sigue siendo muy grande.
Tomemos por ejemplo la tarea más sencilla y difundida de
todas, cual es el procesamiento de palabras. Los documentos que
producimos con esta fantástica herramienta son prolijos,
están bien diseñados, son adaptables a diversas necesidades
e incluso puede reutilizárselos.
Un mismo texto puede cumplir diversas funciones y propósitos.
El único problema es que, salvo que se usen aplicaciones
sofisticadas o se sepa programar scripts, la información
de la máquina casi siempre necesitará de un reformateo
personalizado y manual que lleva igual o más tiempo que la
redacción del texto original.
Si esto vale en documentos tan sencillos como informes, memos, cartas
o ensayos, imagínense cuanto más penosa puede ser
la situación cuando la información de base, almacenada
electrónicamente, es requerida por aplicaciones sofisticadas,
como es el caso de los sistemas de gestión de e-learning
(LMS).
Ya sea que haya que actualizar un curso, ya sea que haya que adaptar
los contenidos a cambios en la duración, ya sea que haya
que recombinar contenidos preexistentes, la metodología tradicional
de armado de contenidos nos retrotrae al estadio primitivo en el
que todos los insumos deben ser reprocesados manualmente.
Curiosa situación ésta, en que aún contando
con herramientas poderosas, nos obliga a trabajar la información
con pico y pala, y anula muchas de las ventajas de la automatización
por las que tanto habíamos bregado.
Por suerte hay algunas compañías en el terreno del
e-learning que han reconocido el problema y están utilizando
la tecnología de los objetos de aprendizaje para dar el salto
que va del reprocesamiento manual al automatizado de la información.
Compañías muy grandes con IBM a la cabeza están
ofreciendo productos que permiten la reutilización del contenido
y brindan modelos de instrucción granulares. Competir, mientras
tanto, está trabajando en esa dirección.
En el ínterin se inventó una nueva práctica
profesional. Porque si bien todas los que estamos en el negocio
sabíamos de la existencia de los Learning Mangement Systems
(LMS), es decir de sistemas cuyo objetivo es administrar alumnos
y verificar su progreso a lo largo de todas las actividades de aprendizaje,
conocíamos poco y nada qué eran los Learning Content
Management Systems (LCMS). Se trata de sistemas que permiten administrar
el contenido y los objetos de aprendizaje en forma automatizada,
haciendo que la información apropiada llegue al alumno adecuado
en el momento justo.
Es un entorno multi-desarrollo en donde los diseñadores pueden
crear, almacenar, reutilizar, administrar y entregar contenidos
de aprendizaje desde un repositorio central de objetos.
Un modelo de objetos exige una serie de especificaciones que permiten
la reutilización del contenido, ya que éste no está
ligado -como hasta ahora- a ninguna pantalla (template) específica,
puede ser desplegada en cualquier formato de e-Learning, CD-ROM,
aprendizaje impreso, PALM, EPSS, etc., los controles de navegación
no están codificados al nivel de la página, y existe
una total separación entre el contenido y la lógica
de la presentación. Obviamente el rasgo más importante
de los LCMS es su interoperabilidad, que permite que funcionen indistintamente
con cualquier sistema propietario de management del aprendizaje.
Todas las empresas importantes de e-learning se han tomado muy en
serio esta noción de granularidad y de reformateo automático
de la información. Y eso está muy bien porque recién
cuando estos sistemas estén funcionando a pleno, la idea
de McLuhan de aumento de la inteligencia se verá cumplida,
a nivel de los sistemas de enseñanza, por parte de las tecnologías
de procesamiento de la información.
Alejandro
Piscitelli
(Director de Contenidos de Competir)

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