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Cada vez que se inventó
un nuevo medio (libro impreso, fotografía, cine, radio, TV)
tardó varias décadas en encontrar su propio formato.
Al principio siempre se trató de hacer lo mismo que con el
viejo medio tal vez un poco más rápido, mecánica
y sofisticadamente. Pero rara vez los nuevos formatos innovaron
de entrada en los contenidos y sobretodo en la relación con
su público.
El e-learning es una nueva
forma de hacer lo mismo que se hizo casi siempre: transmitir información,
socializar conocimientos, introducir a nuevos lenguaje y satisfacer
las necesidades de entrenamiento y de capacitación de vastos
sectores de la población.
Por eso mismo el WBT, es decir el e-learning basado en la web, es
demasiado reciente y novedoso como para no correr el riesgo de absorber
toda las debilidades y dificultades de la educación tradicional,
y al mismo tiempo no quedar atrapado en las limitaciones y constricciones
de la tecnología.
Es por ello que con su proverbial lucidez Alfons Cornella, en su
último
Ke!Enery, ha escrito un estupendo ensayo en donde reconoce que Internet,
sus usos educativos y el e-learning están en pañales
y que todo el entorno digital es antes que ninguna otra cosa una
respuesta mediocre en busca de una buena pregunta.
Porque llama la atención lo poco y mal que se utilizan las
herramientas de gestión de información en la vida
cotidiana de las organizaciones. Y el e-learning (que a veces despilfarra
definiciones) no es otra cosa que el buen uso de las tecnologías
(y métodos) de red para facilitar el aprendizaje, ya sea
para el beneficio personal u organizacional.
La gran confusión que ha habido hasta ahora es creer que
lo que está cambiando es tan sólo el delivery, la
forma de trasmitir la información, sin darnos cuenta de que
la materia prima a transformar (los bolsones de conocimiento) es
inconmensurable con la que existía hasta hace pocos años
atrás.
Porque tradicionalmente el gran misterio consistía en traducir
los contenidos. Pero en el año 2002 las tasas de producción
de nueva información, la obsolescencia de la preexistente,
y sobretodo sus usos reales muestran que saber hacer, cada vez menos
tiene que ver con el conocimiento que hay... en los libros.
Lo que más nos cuesta actualmente, es desanclar la idea de
aprendizaje del aula primero y de la computadora después.
Antes era impensable aprender tópicos difíciles y
complejos si no era en instituciones superespecializadas. Hoy sucede
lo mismo con las maestrías y doctorados que, aunque pueden
cursarse a distancia, dependen aún de poderosas estaciones
de trabajo, de conectividad en red y de una disposición física
inmóvil del que aprende.
Pero ya empezamos a estar rodeados de tecnologías que nos
permitirán acceder a la información desde cualquier
lugar. O sea que uno de los problemas centrales del e-learning no
será resolver el cada vez menos problemático problema
del acceso a la información, sino la urbanización
de nuestro tiempo, y la decisión de elegir permanentemente
el mejor momento para obtener la información que necesitamos.
Nada de esto es repensable o rediseñable si olvidamos las
lecciones básica de la economía de la atención
(Ver el capitulo
03 "Economía de la atención" de nuestro
libro
La generación Nasdaq).
Porque cuando lo que sobra es información y cuando lo que
nos agota son los medios que la irradian, lo más importante
es que alguien la preste. Una vez más Cornella sitúa
con precisión de qué se trata.
Y ya que se habla tanto de inteligencia emocional y de la necesidad
de aprender a su vera, hay que empezar a aprender con el corazón,
aparte de la cabeza, para no continuar haciendo los desaguisados
que hoy conmueven al mundo, para lo cual es hora de empezar a pensar
(y construir) fuentes de información en formatos más
dinámicos que los actuales.
Efectivamente el e-learning tiene mucho que aprender antes de poder
competir sana y exitosamente con tantos otros estímulos y
formas de concitar la atención y movilizar el corazón
de los estudiantes. Estamos trabajando en esa dirección y
esperamos conseguirlo día a día.
Alejandro
Piscitelli
(Director de Contenidos de Competir)

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