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A
principios de Mayo del 2001 el genial Tim Berners Lee, inventor
de la web (acaba de ser traducido su libro "Tejiendo la red"
(Siglo XXI)) hizo una presentación magistral en la décima
conferencia del consorcio World Wide Web (W3C) en Hong Kong, advirtiendo
que Internet está lejos de su madurez.
En dicha conferencia proponía
para mejorar la Red a nivel global, facilitar la integración
de distintos lenguajes Web para trabajar conjuntamente, dotar de
funciones móviles de conexión con diferentes dispositivos,
y por último, llevar los beneficios de Internet a entornos
rurales y países en vías de desarrollo (ver "The
Semantic Web A new form of Web content that is meaningful to computers
will unleash a revolution of new possibilities"). Aunque
no parezca eso que están haciendo tiene muchísimo
que ver con nosotros.
La mayoría del contenido disponible en la web hoy, fue diseñado
para que los humanos los leamos. El buscador Google nos da una información
relativamente útil pero apenas puede identificar titulares
o links. Es naturalmente incapaz de procesar la semántica.
Esta es la aspiración del engendro que Berners Lee está
ayudando a concebir. Dotar de estructura a la riqueza del contenido
de las páginas web tejiéndolo en un tipo de entorno
que sea recorrible por agentes de software, de manera tal que puedan
desarrollar tareas muy requeridas por los usuarios.
Desde la pavada de encontrar un restaurante al que fuimos hace varios
años atrás, hasta saber donde esta la farmacia de
turno más cercana, o grabar la parte final de las nominaciones
de Gran Hermano a pesar de que no estamos en nuestra casa, o coordinar
reuniones de cátedra con los ayudantes hasta llegar a sofisticadas
interacciones en rondas de negocios, están en su mira.
He aquí el futuro evolutivo posible de la web, transformar
el caos actual de información inconexa y rara vez útil
en el momento de tomar decisiones (mejorando así nuestra
productividad), en un entorno especialmente diseñado para
que las máquinas se comuniquen entre sí, y nos liberen
de decisiones redundantes que consumen tiempo paciencia y ciclos
de neuronas.
Lo que define a la web es su universalidad. Los links pueden ir
de cualquier lado a cualquier lado y son indiferentes a la calidad
de la información que vinculan, así como a los usos
posibles que se les pueden dar. La web que tenemos es particularmente
indiferente a la calidad de la información, e incluso a su
tipología. Le da lo mismo un advertorial de cinco segundos
o un trabajo brillante como el Berners-Lee y sus colegas o la homepage
de algún desconocido que creyó haber llegado el momento
de promocionarse en Internet.
Hasta hoy la web se desarrolló como un medio para que la
gente accediera a documentos en vez de a datos e información
procesada automáticamente. Berners-Lee esta trabajando en
revertir esa dirección.
Si el desafío es tan interesante es porque en el mismo confluyen
cuestiones tradicionales de la inteligencia artificial como la representación
del conocimiento con un objetivo que es la obsesión Bernes-Lee
de que la gente común pueda usar plenamente estos recursos
computacionales hasta ahora en manos de los expertos o de los mogules
de los negocios.
Dentro de una semana tendrá lugar en Barcelona una Jornada
organizada por en.red.ando donde se examinarán estos y otros
aspectos de la web inteligente (ver Jornada
en.red.ando). Competir estará presente en la misma, representado
por su director de contenidos.
Alejandro
Piscitelli
(Director de Contenidos de Competir)

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