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Las
tecnologías del conocimiento, el alfabeto, la imprenta y
ahora la Internet son drásticamente disruptivas. Su capacidad
de reestructurar a la sociedad es tan grande, que nada es igual
antes y después de su emergencia y difusión masivas.
La duplicación
y distribución de la información bajo la forma de
libros, diarios, etc., cambió la faz de la tierra. Pero desde
1436 cuando se inventó la imprenta cada vez fue más
corto el tiempo entra la aparición de las sucesivas tecnologías
de mutación de la conciencia. En solo 5 años la web
alcanzó sus primeros 50 millones de usuarios. Hoy con 430
millones de internautas, el medio que permite una comunicación
bidireccional instantánea, y una habilidad única para
que todos participen y contribuyan se está convirtiendo en
el futuro de las comunicaciones y también del aprendizaje.
El primer ejemplo moderno
de tecnología fue el uso de películas por parte del
ejército norteamericano durante la segunda guerra mundial
incluyendo desde el mantenimiento de las armas hasta la higiene
personal -aunque la predicción de Thomas Edison de 1922 según
la cual las películas reemplazarían a los libros de
textos no se cumplió ni entonces, ni ahora. Los militares
no hicieron su tarea solos, sino en colaboración con universidades
de monta, buscando integrar los beneficios de la psicología
cognitiva y del comportamiento a la enseñanza.
En los años 60
las primeras máquinas de enseñar y los textos programados
abrieron el camino a lo que muchas décadas más tarde
se convertiría en el e-learning. Las películas didácticas
cavaron su espacio en esta evolución.
Pero fue la televisión
la que rompió toda las barreras e hizo las promesas más
ambiciosas al punto de que en la primigenia serie "Viaje a
las estrellas" se imaginaba a chicos que se pasarían
horas y días absorbiendo el mejor y más completo conocimiento
del mundo a través de un osmótico contacto con la
pantalla inteligente.
Paradójicamente
la era de la TV educativa (y sus estribaciones hasta hoy) fue la
de la televisión que no sirvió mayormente para educar.
Costos excesivos, desconocimiento acerca del medio y, sobretodo,
el carácter unidireccional y no interactivo del medio hicieron
añicos las ilusiones y las promesas.
Pero todo está
cambiando por fin. Y este boletín forma parte de la revolución
en marcha. A partir de este nuevo producto, cada quincena pondremos
en sus manos nuevas oportunidades de aprendizaje que son también
nuevas oportunidades para la acción.
Alejandro
Piscitelli
(Director de Contenidos de Competir)

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